Maga (Dormido)

 

Dormido

 

Al trepar por cubos de vapor

donde no queda más que recordar

te encontré durmiendo

sin saber que estabas junto a mí

escondí estampas con tu olor

para así, poder un día volver

y seguir trepando cuando nadie se acuerde ya de ti.

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Noche absurda 1

Ahora secas te advierten, ni llenas de peces, ni siquiera agua, solo vacío bajo tus pies que flotan.

 

—–

Thomas Muntzer, teólogo de la revolución

Quemaban a los ricos con antorchas

Y tal que hierba seca ardían sus cuerpos.

Que el clero, con sus falsas oraciones

Te consuele de desaparecer.

Todos los hombres se creían dios.

Mataban y luego eran despedazados.

Lutero maneja con mayor elegancia los libros:

Su mano que no trabajó nunca sabe

Mover las páginas y engañar a los hombres.

Muntzer tiene la pasión y no la idea:

Sin duda morirá despedazado.

 

La palabra, el hecho  (teoría y praxis)

I- la palabra

(discurso de Thomas Muntzer a las masas)

El mundo se divide en dos:

Los hombres de la carne y los hombres del verbo.

Cuando la palabra cae en la pradera

Es llama.

 

II- el hecho

Thomas Muntzer ha muerto:

Polvo y nube en llanuras es todo lo que queda

De cualquier gobierno

 

Leopoldo María Panero

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no te preocupes por mí

        No se cuanto tiempo hace que son las cinco y cuarto. La mediocridad, que antes corría, desborda la mesa, haciéndome tragar mis palabras, estrellándome conmigo mismo, enseñándome mi exclusiva realidad. Después de tantos años disimulando intento apalabrar otros cuantos, por que ahora que ya se quien soy, jugar a esto pierde la gracia. Es extraño el momento en el que uno mismo se dice lo que es, sus fallos y aciertos, sus mentiras, y decide llevarse la contraria y demostrarse q no lleva la razón.
 
 
 

Como un código de barras las letras se extendieron por la pantalla. No era necesario leer el mensaje, todos sabríamos q diría ante cualquier pregunta. Un si, un no, una explicación quizás demasiado larga del por qué, intentando justificarse, seguido de una despedida digna de alguien muy ocupado. Y te quedas tú, pensativo, a ratos dormido, tendido en el colchón. Miras el reloj y son las 6. Hace sol, oyes a los niños abajo jugar en la calle. Disfrutas de la intimidad que te aporta una puerta cerrada con llave, en silencio, a oscuras, envuelto del mundo, pero fuera de él. A ratos consigues olvidar algo, y recuerdas algo peor, y un quítate tu para ponerme yo continuo te ocupa el resto de la tarde. Absurdo intento de un abrazo, estás solo.

            Decides, ahora que se fue la luz, que tienes q escribir una historia sobre ella. Abres el portátil, miras las importantes descargas como avanzan durante unos segundos, el Word ya estaba abierto. Con las manos encima del teclado miras a un punto indeterminado, como pensativo. A quien le importa, piensas, mientras cierras la pantalla del ordenador. Suena Eleanor Rigby, y sonríes. La escuchas atentamente mientras te pones la chaqueta. Te miras en el espejo del armario, agitas la cabeza para tener un pelo decente, recuerdas el mensaje, y sales a la calle sin nada mas que la llave de tu cuarto, ni un plan, ni un lugar. Hoy llueve.

       
       Se rompe en mil pedazos el espacio al cruzarse nuestras miradas, y olvido por un rato los metros y kilómetros. De espaldas, sentada, tu camiseta azul y el pelo sobre tus hombros, recorriéndola como agua, en tu perfil se adivina una sonrisa, y esos ojos al parecer están apuntando hacia mí.
 
 
 
  Miró al suelo. Mucha gente lo hace cuando le preguntan por algo en concreto de su pasado. En cambio para hablar del futuro todos levantan alto la frente. Pero no puedo hacerle nada, nací curioso, solo quería saber.
 
 
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Hay quien nace

Un momento pasa              (cruel como quien mirabas de lejos con asco)

En él se desvanece             (blanco semen en tu ojo)

Como la luz en luz             (aplastaría bien lo sabes tus ojos)

El mundo finito de gases   (cantar en una fiesta para hartarse de f*****)

Que hace segundos            ( niña de 20 años)

Creaste

 

Hay quien nace, y hay quien nace.

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Pájaros en la cabeza

Miraba a la ventana y soñaba con ser un astronauta pisando la luna
y el cielo lo cruzaban galeones, delfines, cometas, falúas.
Y en la pizarra el profesor dictaba los teoremas.
En su cabeza sonaba el canto de un gorrión, pájaros en la cabeza.

Salía siempre tarde castigado por no estar nunca donde debiera
y en casa le esperaban el tedio y la comida servida en la mesa.
De fondo el rumor de un televisor y madre suspirando.
"¿Dónde andas hijo mio? Siempre en las nubes," y nadie escucha el telediario.

Pájaros en la cabeza y volar
a donde las ventanas siempre están abiertas,
donde el humo de tus pasos nos enseña a vivir.
Pájaros en la cabeza y soñar
que aún contaré relámpagos contigo,
aunque el tiempo y la arena escondan el camino hasta ti.

El tiempo pasó y todos crecimos
-bueno, no todos, algunos seguían
mirando por la ventana y sobrevolando
la moqueta azul de la oficina.
En el trabajo aún se perdía
en las selva de sus sueños
y un grito le nombraba, le arañaba
y rompía el dulce sortilegio.

Madre aún seguía sirviendo la sopa,
"¿Cuándo sentarás la cabeza?
Un día la abriremos y bandadas de cotorras
escaparán de ella".

Él sonreía sin dejar
de mirar por la ventana,
soñando mundos mejores,
lluvias que caían sobre parejas que se amaban,
claveles en los fusiles,
barcos que sueltan amarras,
luces de faros, besos de mujeres que nunca,
nunca le miraban.

Pájaros en la cabeza y volar
a donde las ventanas siempre están abiertas,
donde el humo de tus pasos nos enseña a vivir.
Pájaros en la cabeza y soñar
que aún contaré relámpagos contigo,
aunque el tiempo y la arena escondan el camino hasta ti.

Una mañana de enero nuestro hombre
se subió a lo alto de la Torre España
para ver si al morder el azul gris del cielo
los pájaros callaban.
Mirando absorto la ciudad,
ni el rumor de su pecho escuchaba,
ni a madre, ni al televisor, ni a la oficina,
sólo un lejano batir de alas.

Cuando nos quisimos dar cuenta
nuestro chico había desaparecido.
Nadie en lo alto de la torre lo vio abandonar
la sombra gris del edificio.
Nadie lo vio caer al suelo,
nadie oyó sus carcajadas,
sólo el sonido de cien pájaros -o alguno más-
escapando de sus jaulas.

Nada se supo de este soñador,
del canto de sus aves,
hasta que llegaron cartas, retazos de sus alas
en forma de postales.

Pájaros en la cabeza y volar
a donde las ventanas siempre están abiertas,
donde el humo de tus pasos nos enseña a vivir.
Pájaros en la cabeza y soñar
que aún contaré relámpagos contigo,
aunque el tiempo y la arena escondan el camino hasta ti.

Pájaros en la cabeza y volar
a donde las ventanas siempre están abiertas,
donde el humo de tus pasos nos enseña a vivir.

 
Ismael Serrano
La Traición de Wendy
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Papel arrugado sobre la mesa

Poblado de garabatos, ilegibles por suerte, y algún que otro ojo asomando por entre la multitud exaltada de las curvas. Se les nota, al observar la esencia de su composición, que fueron creados con intención de salir volando del papel, trazos rápidos, alargados y violentos, demasiado odio para un bolígrafo. Será mañana su verdadera naturaleza la que demostrará la intención de esos ojos que, húmedos, brotarán del papel mezclándose con el humo. Expectante veré como las ideas pobladas de sentimientos desaparecerán volando por la habitación, como cadenas de verdades grises y traslucidas, que se pierden para siempre entre mis dedos extendidos y calientes.

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copier***laser***inkjet***

Líneas recorriendo mi espalda, infinitamente finas, sin detenerse, intentando abarcar la distancia inabarcable que me arrastra hacia el olvido, tiñendo de rojo mi piel, cerrando dentro lo que queda de lo que fui, de lo que un día empecé a ser en base a un sueño reciente con poco sentido.

Mas lejos, quieren llegar mas lejos, y poco a poco, superponiéndose en una trama de líneas cruzadas, me envuelven. Ya olvide el calor, el sol en mi piel, aquí donde ahora alumbras no soy yo, esta no es mi carne, ni estos, retorcidos, duros, grandes, bastos huesos son míos.

Mis ojos libres de ser envueltos contemplan desde dentro, igual q el preso desde su ventana, la llanura, inmensa, solitaria, seca, muerta que, en todas direcciones, me rodea. Bello contraste el de mi rojo mate con el amarillo seco del trigo, a veces insinuando blanco.

Hoy me siento preso en la inmensidad de mi libertad, tanto espacio y ningún lugar.

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