no te preocupes por mí

        No se cuanto tiempo hace que son las cinco y cuarto. La mediocridad, que antes corría, desborda la mesa, haciéndome tragar mis palabras, estrellándome conmigo mismo, enseñándome mi exclusiva realidad. Después de tantos años disimulando intento apalabrar otros cuantos, por que ahora que ya se quien soy, jugar a esto pierde la gracia. Es extraño el momento en el que uno mismo se dice lo que es, sus fallos y aciertos, sus mentiras, y decide llevarse la contraria y demostrarse q no lleva la razón.
 
 
 

Como un código de barras las letras se extendieron por la pantalla. No era necesario leer el mensaje, todos sabríamos q diría ante cualquier pregunta. Un si, un no, una explicación quizás demasiado larga del por qué, intentando justificarse, seguido de una despedida digna de alguien muy ocupado. Y te quedas tú, pensativo, a ratos dormido, tendido en el colchón. Miras el reloj y son las 6. Hace sol, oyes a los niños abajo jugar en la calle. Disfrutas de la intimidad que te aporta una puerta cerrada con llave, en silencio, a oscuras, envuelto del mundo, pero fuera de él. A ratos consigues olvidar algo, y recuerdas algo peor, y un quítate tu para ponerme yo continuo te ocupa el resto de la tarde. Absurdo intento de un abrazo, estás solo.

            Decides, ahora que se fue la luz, que tienes q escribir una historia sobre ella. Abres el portátil, miras las importantes descargas como avanzan durante unos segundos, el Word ya estaba abierto. Con las manos encima del teclado miras a un punto indeterminado, como pensativo. A quien le importa, piensas, mientras cierras la pantalla del ordenador. Suena Eleanor Rigby, y sonríes. La escuchas atentamente mientras te pones la chaqueta. Te miras en el espejo del armario, agitas la cabeza para tener un pelo decente, recuerdas el mensaje, y sales a la calle sin nada mas que la llave de tu cuarto, ni un plan, ni un lugar. Hoy llueve.

       
       Se rompe en mil pedazos el espacio al cruzarse nuestras miradas, y olvido por un rato los metros y kilómetros. De espaldas, sentada, tu camiseta azul y el pelo sobre tus hombros, recorriéndola como agua, en tu perfil se adivina una sonrisa, y esos ojos al parecer están apuntando hacia mí.
 
 
 
  Miró al suelo. Mucha gente lo hace cuando le preguntan por algo en concreto de su pasado. En cambio para hablar del futuro todos levantan alto la frente. Pero no puedo hacerle nada, nací curioso, solo quería saber.
 
 
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