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Vivo, por simple costumbre de no estar muerto, en una casa en las que las únicas ventanas son un boli y una foto, y ninguna mira al norte. Mis recuerdos y miedos me encierran en ella, dejándome blanca la piel por dos años ya, semejante a la que de ella recuerdo, desde hace dos años, tambien ya. Eran tiempos distintos, en los que también la tinta corría, pero a favor del viento, a favor del tiempo.

Hacía tiempo ya que me encontré contigo

Nunca olvidaré la suavidad de tu tacto

Tu forma de mirar al infinito

La forma en que ofrecías tu mundo

Dejando que lo llenase del mío

Como abrazabas mis palabras

Mientras yo escribía y escribía

Cómo preferías mis rasgueos

A pasar acompañada la brevedad de los días

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