manos entrelazadas

Su aroma me dio razones suficientes para estar allí, sentado junto a ella. Mirándola parecía una bella durmiente, estaba alejada del mundo, de la realidad, sumergida en su mente, y yo, sin poder besarla, y queriendo traerla de vuelta al mundo real, acepté su mano como si fuese su cuerpo. La abracé con mis dedos, la acaricié. Su mano fueron sus ojos, su piel y sus oídos, y a través de ella le dije lo que sentía ahora y todo lo que había llegado a sentir, lo que esos ojos oscuros, cuando me miraban, me hacían ver y oír. Y allí sentado a su lado, con mis manos en sus manos, tomé una determinación que ella escuchó, e interpretó, y plasmó en una preciosa canción que inundó mi cuerpo a partir de mis labios.

            Sentimientos que me inundaron y me inundan, factores que no pertenecen a la realidad, momentos que me conviene olvidar si no quiero esperar, alguna noche más, como aquella, de eterna claridad.

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