en una silla (reclinable)

Palpita. Lento y relajado sueño que en una esquina se apila. Palpita, acelérate corazón, no me dejes mal ahora, no me hagas palidecer. Palpita, déjame dejar de mirarla, déjame ser, déjame, me resucito, para intentar comprender, que hace ella en mi cabeza, cuando los factores estaban irónicamente entre mis piernas. Palpita, gracias y por culpa de, ella, mis latidos sufren arritmia, y olvido, que la noche vieja pasada, a mi nadie me dio besos. Palpita, deslizando las suelas por el asfalto, mis pasos, que huyen de los fáciles atajos, vuelan por la altura de tus pestañas, al ritmo de la arritmia, siguiendo heridas de melancolías y tristezas, viendo en tus ojos la cura, que cuando no están y son solo recuerdos, abren de nuevo mi sed por ser curado, y busco, desesperadamente, una de esas miradas, que me retornen al mundo, ese lugar, en el que no importa lo que exista o no exista, allí donde puedo jugar con mis sueños, al menos durante 13 minutos y 47 segundos, contigo, sentada entre mis piernas.

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