¡Hola mundo!

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Para que sirve el papel

Siento que lo necesito

Ahora todo desaparezco

Empiezo a ver por encima, me pregunto en susurros donde estará el techo. Este humo no sabe nada, este humo no es blanco, no es dulce, no conoce, este humo rompe la garganta y da mal olor a mis dedos. Como un equipo de fútbol tiene su propia mascota, sus colores, su casi siempre invariable equipación, sin aportar nada. Solo si acaso una pausa que ya existía, tres minutos que ya tenías. Ahora con él en mano esperas a que la mecha se apague en tus dedos, que el sabor sea insoportable, sintiendo el calor, sintiendo la nada de este humo que no es blanco.  En contra de todas las mareas que pinté me rindo ante algo que ni siquiera ha pasado por la palma de mi mano. Algo que no he visto crecer ni veré, algo que seguro fue creado entre paredes de hormigón con mano de obra barata, almacenado en sótanos oscuros, y guardado ahora para siempre detrás de mis labios cada vez mas negros y secos.

Recuerdo tu ceniza blanca en el cenicero, las masacres de cigarrillos, la privacidad, la reutilización de los mecheros, la naturaleza en mis pulmones, mi mente en las alturas, las luces irrepetibles de las calles.

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Walking around

 Walking Around

Sucede que me canso de ser hombre.
Sucede que entro en las sastrerías y en los cines
marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro
Navegando en un agua de origen y ceniza.

El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos.
Sólo quiero un descanso de piedras o de lana,
sólo quiero no ver establecimientos ni jardines,
ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores.

Sucede que me canso de mis pies y mis uñas
y mi pelo y mi sombra.
Sucede que me canso de ser hombre.

Sin embargo sería delicioso
asustar a un notario con un lirio cortado
o dar muerte a una monja con un golpe de oreja.
Sería bello
ir por las calles con un cuchillo verde
y dando gritos hasta morir de frío

No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas,
vacilante, extendido, tiritando de sueño,
hacia abajo, en las tapias mojadas de la tierra,
absorbiendo y pensando, comiendo cada día.

No quiero para mí tantas desgracias.
No quiero continuar de raíz y de tumba,
de subterráneo solo, de bodega con muertos
ateridos, muriéndome de pena.

Por eso el día lunes arde como el petróleo
cuando me ve llegar con mi cara de cárcel,
y aúlla en su transcurso como una rueda herida,
y da pasos de sangre caliente hacia la noche.

Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas húmedas,
a hospitales donde los huesos salen por la ventana,
a ciertas zapaterías con olor a vinagre,
a calles espantosas como grietas.

Hay pájaros de color de azufre y horribles intestinos
colgando de las puertas de las casas que odio,
hay dentaduras olvidadas en una cafetera,
hay espejos
que debieran haber llorado de vergüenza y espanto,
hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos.
Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos,
con furia, con olvido,
paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia,
y patios donde hay ropas colgadas de un alambre:
calzoncillos, toallas y camisas que lloran
lentas lágrimas sucias.

Pablo Neruda

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Hoy, mañana, pasado mañana

Sus palabras resuenan en mi oído derecho, dentro de todo, que es la ausencia bruta. Ya viví esto cuando desperté de la pesadilla y el frío del agua en la madrugada me sacó del colapso de aquel sueño. Ahora es ese eco que no acaba ni inundando mis sentidos con el humo y las melodías que antes me decían algo. Ahora todo es acallado por la falta de sentido, como el silencio, que tan infinito penetra con su lengua alargada la marabunta de ruido, que con su forma fálica va desvirgando todos mis rincones mas privados, y no deja nada limpio, no me queda nada que no esté abusado. En mi propio duelo quiero matarle, aunque se que no existe y es solo el eco, quiero matarle. Pero y si existe y las palabras fueron para salvarme, si esto es así, también quiero matarle. No tengo otra opción que el asesinato, del humo o del hombre, que siendo real e irreal, viene y va, y se que así, en su parpadeo, pretende matarme. Mañana podría aparecer ensangrentado, con su cabeza colgada de mi hombro y mis ojos bien abiertos, los brazos hacia atrás, y mis pulmones dilatados, así todos entenderían que en mí se encuentra ahora la cordura. Cómo matar al hombre era fácil, cómo matar a su imagen efímera me ocupará durante los próximos parpadeos, ya sean todos o solo algunos, hasta que por fin, ya no despierte nunca mas mil veces la misma noche, ni niguna, con su humo deshilachado, hasta que por fin ya no despierte nunca. 

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Six days

Hay una bombilla fundida en mi escritorio. Es inútil, aparatosa, y ya asta los deformes reflejos del cristal curvan hacia nada. Como liberado me sentí cuando me cansé de sus lineas, sus perfiles parecían no tocar nunca el aire, no existían lineas negras en su contorno, al contrario que en mi imaginación, y tampoco existía contraste con la madera. Sin reflejo de otra bombilla, la luna, el sol, una ventana por la que entra un atardecer, no es nada.

Fueron varios años preparando la tesis, estudiando los distintos músculos. La pregunta era cómo cagar más fino, y mil ideas sin sentido de como hacer pesas con el esfinter vinieron para irse, entre decepción e imposibilidad. No fuí consciente antes, pero ahora se que, a la hora de la mierda, todos somos igual de vastos. 

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El camino de regreso yo te lo recordare

 

Papá cuéntame otra vez ese cuento tan bonito

de gendarmes y fascistas, y estudiantes con flequillo,

y dulce guerrilla urbana en pantalones de campana,

y canciones de los Rolling, y niñas en minifalda.

Papá cuéntame otra vez todo lo que os divertisteis

estropeando la vejez a oxidados dictadores,

y cómo cantaste Al Vent y ocupasteis la Sorbona

en aquel mayo francés en los días de vino y rosas.

Papá cuéntame otra vez esa historia tan bonita

de aquel guerrillero loco que mataron en Bolivia,

y cuyo fusil ya nadie se atrevió a tomar de nuevo,

y como desde aquel día todo parece más feo.

Papá cuéntame otra vez que tras tanta barricada

y tras tanto puño en alto y tanta sangre derramada,

al final de la partida no pudisteis hacer nada,

y bajo los adoquines no había arena de playa.

Fue muy dura la derrota: todo lo que se soñaba

se pudrió en los rincones, se cubrió de telarañas,

y ya nadie canta Al Vent, ya no hay locos ya no hay parias,

pero tiene que llover aún sigue sucia la plaza.

Queda lejos aquel mayo, queda lejos Saint Denis,

que lejos queda Jean Paul Sartre, muy lejos aquel París,

sin embargo a veces pienso que al final todo dio igual:

las ostias siguen cayendo sobre quien habla de más.

Y siguen los mismos muertos podridos de crueldad.

Ahora mueren en Bosnia los que morían en Vietnam.

Ahora mueren en Bosnia los que morían en Vietnam.

Ahora mueren en Bosnia los que morían en Vietnam.

 

Ismael serrano    Papá cuéntame otra vez 

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Nunca caerás del todo, verdad?

La onda expansiva provocada por sus palabras fue brutal. El crujir de los edifcios rasgaba el papel y el polvo de los escombros se mezclaba con mi sudor. Vi como avanzaba, hacia el infinito, la nada en que todo se convertía, vi perecer asta el último de los humanos, todas sus ideas. Vi como los hijos de los pensadores que nos trajeron aqui eran educados según otro principio. Escuche los gritos, la gente huyendo por las calles. Todo mundo creado, es de gases, inestable, y las palabras correctas, pueden destruir cualquier mundo.

 

 

Solo tenía que acordarme de aquellas tardes, aquellas tardes de verano, para poder terminar el trabajo.

El calor me envuelve, la despreocupación me choca con tanta fuerza que me hiere, nunca antes había pasado tanto tiempo fuera de casa. Una ilusión, un sueño de una vida, una mujer, esa que aún hoy te paraliza, es la paz que buscabas en todo lo malo que encontrabas, las respuestas fáciles que engullías sin respirar, todo para nada, el error, el concepto, su primera mirada en tu recuerdo, quizás no fuese aleatoria.

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